Oración para todos los domingos

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Señor Dios, Rey Omnipotente: en tus manos están puestas todas las cosas. ¿Si quieres salvar a tu pueblo nadie puede resistir a Tu Majestad? Señor: Dios de nuestros padres: ten misericordia de tu pueblo porque los enemigos del alma quieren perdernos y las dificultades que se nos presentan son muy grandes. Tu has dicho: «Pedid y se os dará. El que pide recibe. Todo lo que pida al Padre en mi nombre os lo concederá. Pero pedid con fe». Escucha pues nuestras oraciones. Perdona nuestras culpas. Aleja de nosotros los castigos que merecemos y haz que nuestro llanto se convierta en alegría, para que viviendo alabemos tu Santo Nombre y continuemos alabándolo eternamente en el cielo. Amén.

Padre Nuestro, Avemaría, Gloria.

 

Consideración: Jesús en la última cena nos dio
 ejemplo de humildad y caridad

Lectura del santo Evangelio según San Juan – Jn 13, 1-15
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó.
Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.
Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?» Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde.» Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo.» Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza.»
Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos.» Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy.
Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.
Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros
Palabra de Dios.

Ejemplo
El Padre Juan del Rizzo y la Devoción al Niño Jesús

En 1914 llega a Barranquilla, Colombia, el Padre Salesiano Juan del Rizzo.
El Padre Juan fue enviado por las calles de la cuidad a pedir limosnas para la construcción del templo pero nada consiguió. Hasta que un día se le occurió: Voy a pedirle a nuestro Señor por los méritos de su infancia, que me ayuda. Y empezó a rezarle al Niño Jesús, y el éxito en su labor fue inmenso. Desde entonces el Padre del Rizzo se convirtió en un verdadero enamorado de la devoción al Divino Niño y se propuso dedicar su vida a propagar esta devoción.
En Barranquilla propagó la devoción al Niño Jesús por 13 años. Luego pasó a Medellín y siguió recomendando a todos que cualquier favor que necesitaran lo pidieran a Jesús por los méritos de su infancia. Al principio el Padre Juan veneraba la imagen del Niño Jesús de Praga, pero allí una antigua asociación le prohibió hacerlo, alegando que ellos tenían la exclusiva de esa devoción. Entonces el Padre se dijo: «Lo importante no es cómo esté vestida la imagen del Divino Niño. Lo que vale es venerar su santa infancia, los primeros doce años de su vida humana sobre la tierra. Buscaré otra imagen del Divino Niño y propagaré su devoción. Porque quien hace los milagros no es la imagen (que es de yeso, madera, cartón o telas que no pueden hacer milagros). El que hace milagros es Jesucristo que esta en el cielo, que ha prometido: «Tu oración será escuchada si me pides por los méritos de mi infancia» y Dios ha demostrado con asombrosos milagros lo mucho que le gusta la devoción al Divino Niño Jesús».
Y el Padre Juan, al ser trasladado a Bogotá, en 1935 se encontró en el Almacén el Vaticano una hermosísima imagen del Divino Niño, vestido como se visten los niños de Nazaret, su tierra: túnica rosada, cinturón verde, y con los pies descalzos como los niños pobres de Israel, el grupo al cual pertenecía el Niño Jesús. Es una imagen verdaderamente hermosa y atrayente. (¿Si otros niños son tan hermosos y amables, qué tal sería el Divino Niño, el más puro, el más amable, el más simpático de todos los niños del mundo?).
En el barrio 20 de Julio de Bogotá, coloco el Padre Juan la preciosa imagen del Milagroso Niño Jesús en unos terrenos deshabitados y pobres, y empezó a narrar a las gentes los maravillosos prodigios que Jesucristo hace a quienes honran su santa infancia. Y los milagros empezaron a multiplicarse. Desocupados que conseguían empleo. Enfermos que sanaban. Hijos perdidos que volvían al hogar. Personas solteras que lograban formar un dichoso hogar en santo matrimonio. Negocios que se arreglaban. Angustias que se alejaban. Paz para las familias, y sobretodo, conversión de pecadores que es el milagro más importante y que más debe desear todo buen cristiano.
El Padre Juan insistía mucho a los devotos que para tener contento a Nuestro Señor es necesario cumplir el tercer mandamiento que consiste en santificar las fiestas. Y que santificar la fiesta es descansar el día del Señor y no dejar ningún domingo sin asistir a La Santa Misa.
También recordaba a las gentes que es necesario dar limosnas que a uno le cuesten, porque la limosna borra muchos pecados, según dice la Biblia.
Y no se cansaba de recomendar a todos la confesión y la comunión frecuente recordando la promesa del libro Santo: «Un corazón arrepentido Dios nunca lo desprecia».

 

Habla Jesús:

¿Y no tienes tal vez alguna alegría que contarme? ¿Por qué no me haces participe de ellas como buen amigo? Cuéntame lo que desde ayer, desde la última visita que me hiciste, ha consolado y ha hecho sonreír tu corazón. Quizás has tenido agradables sorpresas. ¿Quizás han desaparecido ciertas angustias o temores por el futuro? ¿Has vencido alguna dificultad o salido de algún lance apurado? Obra mía es todo esto y yo te lo he proporcionado.
Cómo me alegran los corazones agradecidos que como el leproso curado vuelven a darme las gracias, pero cómo me entristecen esos desagradecidos que como los 9 leprosos del Evangelio no vuelven a agradecer los beneficios recibidos. Recuerda que «quien agradece un beneficio obtiene que se le concedan muchos más». Dime un gracias siempre con todo tu corazón.
¿Tampoco tienes alguna promesa que hacerme? Leo, ya lo sabes, en el fondo de tu corazón. A las personas humanas se les engaña fácilmente. A Dios no. Háblame pues con toda sinceridad. ¿Tienes firme resolución de no exponerte más a aquella ocasión de pecado? ¿De privarte de aquella revista, periódico, película, programa de habladuría que hace daño a tu alma? ¿De no leer más ese libro que excitó tu imaginación? ¿De no tratar más aquella persona que turbó la paz de tu alma? ¿De guardar silencio cuando te venga la cólera, porque » las personas imprudentes dicen todo lo que sienten cuando están con mal genio, pero las personas prudentes se callan siempre cuando están de mal humor y saben desimular las ofensas que reciben.

Práctica: Apartaré ropas o alimentos para dar a los pobres.

 

Oh Divino Niño
Mi Dios y Señor
Tú serás el Dueño
De mi corazón.

Niño amable de mi vida
Consuelo de los cristianos.
La gracia que necesito
Pongo en tus benditas manos.

Oh Divino Niño….

Tú sabes mis pesares
Pues todos te los confío
Da la paz a los turbados
Y alivio al corazón mío.

Oh Divino Niño….

Y aunque tu amor no merezco
No recurriré a Ti en vano
Pues eres Hijo de Dios
Y consuelo del cristiano.

Oh Divino Niño….

Acuérdate oh Niño Santo
Que jamas se oyó decir
Que alguno té aya implorado
Sin tu auxilio recibir.

Oh Divino Niño….

Por eso con fe y confianza
Humilde y arrepentido
Lleno de amor y confianza
Este favor yo te pido.

Oh Divino Niño…

 

Oración final

Oh Jesús: «Tu has dicho: todo lo que quieras pedir pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado». Por eso vengo a pedirte con toda fe: (Mencionar favor a pedir)

Jesús mío, mi amor, mi hermoso Niño:
Te amo tanto, Tu lo sabes, pero quiero amarte más, amarte hasta morir.
Ven a mí, Niño Jesús, ven a mi corazón, deja que yo te adore, humildemente arrepentido de mis pecado.
Ven a mi, Niño Jesús, ven a mi corazón, deja que yo te adore, humildemente arrepentido de mis pecados.
Pastorcito de mi alma: contigo nada me falta, me conduces a fuentes tranquilas y reparas mis fuerzas, Tú me guiarás por el buen camino, por el honor de tu Nombre. Aunque camine por sendas oscuras nada temo porque Tu vas conmigo, Tu Cetro poderoso me defiende, Tu Bondad y Tu Misericordia me acompañarán todos los días de mi vida.
Dulce Jesús mío, Divino Niño de mi alma: Soy todo tuyo: tuyo es mi ser pues lo creaste; tuya es mi alma pues la redimiste en la cruz con el precio de tu Sangre.
Te proclamo como mi Salvador y mi Amigo: Como mi Rey, mi Creador y Redentor. Te adoro como a mi Dios y Soberano Señor.
Demuéstrame una vez mas que me amas, oh Niño Jesús y dame tu amor eterno y tu santa bendición, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.