Como en una escena cómica -en la que uno se abalanza sobre el otro con los brazos abiertos mientras este huye espantado- en la España actual la derecha trata de mimetizarse con el progresismo, al tiempo que la izquierda se esfuerza en subrayar una sustantividad propia.

La casi absoluta hegemonía cultural del progresismo muestra a las claras cómo la izquierda está a punto de morir de éxito; la magnitud de su triunfo es tal que la derecha ha asumido, jubilosa, su cosmovisión sin apenas matices.

Pero tal triunfo ideológico resulta paradójicamente contraproducente en el plano político. Puesto que el juego político está planteado en términos de oposiciones binarias, la izquierda necesita encontrar una temática que le devuelva un perfil diferenciado de la derecha.

Y es aquí que entra en juego la eutanasia.

El paradigma holandés

En Occidente, la cultura de la muerte avanza. Y con rapidez. Son ya varios los países de Europa que están legislando sobre el suicidio asistido. Holanda o Bélgica han venido desarrollando leyes sobre este asunto desde hace década y media, y lo cierto es que en esos países la poblacion se muestra mayoritariamente conforme con dichas leyes.

Desde junio de 2010 ya se administra a los pacientes inconscientes

Mientras, en Gran Bretaña el debate es enconado desde hace al menos una década. Es como si, una vez en la senda de la ingeniería social, la sociedad cayese bajo su embrujo. Porque eso es exactamente lo que ocurre en Holanda: la presión social en los Países Bajos para que los ancianos y enfermos renuncien a la vida, cada día es mayor. En un principio, la ley que se elaboró en el año 2000 estableció los requisitos que se exigían para ser objeto de la eutanasia, que incluían la libre, voluntaria y consciente demanda del paciente en situación de sufrimiento extremo. A nadie que no lo hubiera pedido se le aplicaría la eutanasia. Pero, para empezar, desde junio de 2010 ya se administra a los pacientes inconscientes.

El camino hacia la eutanasia en Holanda ha seguido unas pautas que son las habituales, luego repetidas en otros países, y que pasan por la consabida campaña lacrimógena y “humanitaria” en la que no faltan casos extremos capaces de conmover a la opinión pública. Después, ciertos colectivos constituidos ad hoc urgen al gobierno para que apruebe la legislación adecuada que subsane los casos publicitados, a cuya sombra se perpetran actos que promueven la necesidad de ampliar la propia ley. De este modo se crea la demanda social. La codificación teórica ya es solo cuestión de tiempo.

La ley aprobada en Holanda en el año 2000 se presentó como aplicable exclusivamente para enfermos crónicos y tras requerimiento escrito de los pacientes, por supuesto adultos, y a los que se exigía que fuesen plenamente conscientes de la petición que efectuaban. En 2002, la posibilidad de solicitarla se extendió a los adolescentes entre los doce y los dieciséis años, para lo que basta el consentimiento del menor y el de uno de los padres.

En 2006 el Parlamento holandés discutió la extensión de la eutanasia a los dementes

Desde 2004 se ha extendido la eutanasia a los ninos de menos de doce años: con el dictamen de los médicos y el asentimiento de los padres es suficiente. Y en 2006 el Parlamento holandés discutió la extensión de la eutanasia a los dementes, reservando la decisión a los médicos.

Los médicos deciden

Según el entusiasta dr. Verhagen –que admite haber practicado la eutanasia a cuatro recién nacidos- los médicos han de decidir por aquellos que no son competentes para hacerlo: ninos y dementes. Aunque, en el caso de los primeros, haya que “tener en cuenta” la opinión de los padres, la decisión definitiva ha de tomarla siempre el médico.

En Holanda, los padres ya no tienen el control sobre las vidas de sus hijos recién nacidos.

En teoría, el médico está obligado a pedir una segunda opinión a un colega, y sobre todo, debe informar a una comisión de control -integrada por un jurista, un médico y un experto en ética-, que dictamina si el procedimiento practicado ha cumplido las disposiciones de la ley. De hecho, la eutanasia sigue figurando como delito en el Código Penal y el médico puede ser condenado hasta a 12 años de cárcel en caso de incumplimiento de los requisitos legales.

Esa práctica de la eutanasia activa no voluntaria se ha extendido a ocho hospitales

Pero, de acuerdo al doctor K.F. Gunning, el proceso de banalización de la muerte producido en Holanda ha convertido en algo habitual el que, ante la notificación del traslado de un anciano a un centro hospitalario saturado, el organismo sanitario receptor conteste solicitando a la instancia médica emisora que “suministre al anciano una inyección letal”.

La Universidad de Utrech ha determinado, en un estudio dirigido por el investigador H.W. Hilhorst, que esa práctica de la eutanasia activa no voluntaria se ha extendido a ocho hospitales. «La ansiedad está creciendo entre los miembros de grupos amenazados.” Los pacientes de edad avanzada están aterrorizados, se niegan a la hospitalización e incluso a ser llevados a consulta médica. Una encuesta entre este tipo de pacientes revela que muchos de ellos perciben a sus familiares como enemigos que pueden solicitar la eutanasia sin consultarles. Y es que, según la prestigiosa revista médica The Lancet, el 40% de todas las defunciones que se producen en Holanda está precedido de actuaciones médicas para acelerar la muerte.

Matar sin preguntar

Otro estudio, en este caso de la Universidad de Göttingen, realizado entre 7.000 casos de muertes “legalmente provocadas” ha arrojado un balance desolador: en torno al 11 por ciento de los pacientes estaban en situación de tomar la decisión de vivir o morir, pero los médicos ya no se molestaron en preguntarles.

Según Reiner Mansch, profesor de medicina de esa universidad, hoy día hasta un 25% de las muertes asistidas que se producen en Holanda no son a petición del paciente, sino que se debe a «la incapacidad de los familiares para continuar con la situación del enfermo hasta el final.” Las encuestas de la Fiscalía General revelan que la eutanasia se aplica a muchos enfermos inconscientes o bebés nacidos con malformaciones a los que, por descontado, nadie consulta.

Los 4.000 casos anuales en Holanda han dado lugar a que la Asociación Holandesa de Pacientes publicase una nota en la prensa del país denunciando que se estaba convirtiendo en costumbre el matar a los pacientes sin su voluntad ni su consentimiento y, ni siquiera, el de los familiares. El sistema ha adquirido tal autonomía que son las autoridades sanitarias quienes, en muchos casos, deciden sobre la vida y la muerte con absoluta independencia de las opiniones de pacientes y familiares.

El 40% de todas las defunciones que se producen en Holanda está precedido de actuaciones médicas para acelerar la muerte

A consecuencia de estos hechos, numerosos ancianos holandeses han emprendido una huida al otro lado de sus fronteras. El éxodo de ancianos (y de enfermos) comenzó en el segundo semestre de 2002, y se intensificó en los meses siguientes. Han llegado a formar grupos, escapando de sus familias -de las que también han terminado por desconfiar- para alcanzar la localidad fronteriza alemana de Bolcholt, en la que los alemanes han abierto asilos para acogerlos. Los ancianos holandeses arrostran con alegría los inconvenientes que supone marchar a un país extranjero con un idioma distinto. El premio es la supervivencia.

El planteamiento de la eutanasia como práctica destinada a poner fin al sufrimiento de los pacientes terminales –olvidando que los cuidados paliativos son la única respuesta humana y sensata- es una falacia argumental difícil de sostener. Pero, a tenor de ciertas prácticas que han tenido lugar en España en fechas recientes, la sostendrán.