Oración para todos los domingos

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Señor Dios, Rey Omnipotente: en tus manos están puestas todas las cosas. ¿Si quieres salvar a tu pueblo nadie puede resistir a Tu Majestad? Señor: Dios de nuestros padres: ten misericordia de tu pueblo porque los enemigos del alma quieren perdernos y las dificultades que se nos presentan son muy grandes. Tu has dicho: «Pedid y se os dará. El que pide recibe. Todo lo que pida al Padre en mi nombre os lo concederá. Pero pedid con fe». Escucha pues nuestras oraciones. Perdona nuestras culpas. Aleja de nosotros los castigos que merecemos y haz que nuestro llanto se convierta en alegría, para que viviendo alabemos tu Santo Nombre y continuemos alabándolo eternamente en el cielo. Amén.

Padre Nuestro, Avemaría, Gloria.

 

Consideración: Jesús se transfigura glorioso

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo (17, 1-9)
Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto.
Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle.»
Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo.
Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, no tengáis miedo.»
Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.»
Palabra de Dios.

Ejemplo
Historia de la Devoción al Niño Jesús en Chile

Entre los incontables milagros y prodigios que el Divino Niño ha obrado en favor de sus devotos, hay uno que tiene el mérito de haber contribuido a que en todo Chile se propagara de manera portentosa la devoción a la Santa Infancia del Señor. Oigamos como narra la misma persona que lo obtuvo, la cual lo declaró como juramento, con testigos. Dice así: «Me atacó una terrible enfermedad de flebitis a una pierna, que me postró por 19 meses en una cama sin poderme mover, y con fiebre continua. Toda la pierna estaba horriblemente hinchada. Un dolor agudísimo en un tobillo me impedía andar y no me permitía ni siquiera colocar el pie en el suelo. El único modo de calmar los intensos dolores era tener en pie en alto, colgado de un cable. Desde el tobillo hasta la rodilla la pierna estaba totalmente hinchada y permanecía fría como un témpano de hielo.
Un día me visitó una persona muy devota del Niño Jesús y me recomendó que empezara una novena al Divino Niño. Y fue al templo del Niño Jesús y pidió a los sacerdotes que me encomendarán en la Santa Misa. Los médicos ya hablaban de que era necesario cortarme la pierna. Yo prometía en mi corazón al Milagroso Niño Jesús que si me curaba me dedicaría a propagar su devoción. Por más de un año todos los tratamientos médicos habían resultado inútiles.
Llegó el día de la Fiesta del Divino Niño. Los padres de la parroquia me mandaron una invitación para que asistiera a la procesión. Me costaba mucho asistir porque los dolores que sentía al moverme eran muy grandes. Sin embargo me hice llevar en una silla de ruedas.
Cuando llegamos a la iglesia ya la pro cesión habían partido. Entonces me quedé allí junto al sitio de las veladoras y me puse a rezar el Santo Rosario con toda fe. Al final del santo rosario y cuando ya la imagen del Niño venía llegando al templo, sentí algo raro en la pierna. Emocionada exclamé: «¿Qué es esto? Que me pasa en la pierna que me hormiguea? Esta caliente. Ya no me duele. Se está deshinchando. ¡Miren cómo me queda el zapato! (que era enorme y cuyos cordones eran larguísimos para que alcanzaran, y ahora habían quedado totalmente sueltos). Y entusiasmada grité: «Estoy sana. Completamente sana. Quiero ir ante la imagen del Niño Jesús a darle las gracias!». Mis acompañantes me miraban atónitos. Yo me levanté de la silla de ruedas y corriendo me dirigí a la imagen del Niño Jesús para darle las gracias!».
Mis acompañantes me miraban atónitos. Yo me levanté de la silla de ruedas y corriendo me dirigí hacia la imagen del Divino Niño, caminando ágilmente, después de que hacía 19 meses que no podía caminar.
Al Padre que dirigía la procesión le dije: «Padre, el Niño Jesús me ha curado milagrosamente de una gravísima enfermedad. Esto es un milagro maravilloso. El sacerdote me miró asombrado y respondió: «Quiera el Divino Niño que así sea. Esperemos a mañana y que los médicos determinen qué le ha sucedido. Después de rezar un buen rato ante la imagen del Milagroso Amiguito Celestial salí caminando de la Iglesia y en el atrio estuve largo rato saludando a mis amistades y recibiendo las felicitaciones de todos los que me habían visto postrada e inmóvil en una cama y con peligro inminente de que me amputaran el pié.
Al llegar a mi casa me estaban esperando las personas de servicio, en la puerta para ayudarme a bajar de la silla de ruedas y subirme en brazos al segundo piso, y en medio de la admiración de todos subí corriendo las escaleras para abrazar a mi marido que estaba allí con varios amigos que habían ido a consolarme en esta grave enfermedad, pues creían que de la procesión yo volvería terriblemente adolorida y casi moribunda.
Los muchos amigos presentes no se cansaban de examinarme el pie. Me invitaban a hacer movimientos con el pie y yo no sentía dolor alguno. Corrí por toda la casa para que todos me viesen y se convencieran de que mi curación había sido instantánea y completa. Todos pudieron comprobar que no quedaba rastro alguno de la enfermedad. Mi pié estaba exactamente igual al otro, y pude ponerme zapatos que ya no usaba desde hacía 19 meses, y no sentí la más mínima molestia. Al día siguiente fui examinada por los eminentes médicos que antes habían tratado inútilmente de curarme. Todos quedaron admirados y no pudieron dar otra explicación a esta curación total e instantánea sino a una intervención milagrosa del amadísimo Niño Jesús a quien con tanta fe le habíamos hecho la novena y le habíamos suplicado la curación.
Han pasado varios años. He vuelto a mis actividades y no he vuelto a sentir ni el más leve dolor o molestia en el pie, como si jamás hubiera estado enferma. Con los testigos que presenciaron tan admirable favor del Divino Niño, afirmo con juramento todo lo que en esta narración he declarado,
Y quiero propagar durante toda mi vida la devoción al Milagroso Niño Jesús.
Firmado: Rosa Fernández de Ruiz.

 

Habla Jesús:

Si tienes algún familiar que necesita un favor, dirígeme por él o ella tus oraciones, que yo haré de tu familia un templo de amor y consuelo, y derramaré a manos llenas sobre tus familiares las gracias y auxilios que necesitan para ser felices en el tiempo y en la eternidad.
¿Y por mí? ¿No te sientes con deseos de mi gracia y amistad? ¿No quisieras hacer algún bien a tus prójimos, a tus amigos, a quienes amas tal vez mucho, pero que viven alejados de la religión o no la practican como debieran?
Soy dueño de los corazones y los llevo dulcemente, sin prejuicio de su libertad, hacia la santidad y el amor de Dios. Pero necesito personas que oren por ellos.
En el evangelio dejé esta promesa: «El Padre Celestial dará el buen espíritu a los que se lo pidan». Pídeme para tus familiares ese buen espíritu, ese acordarse de la eternidad que les espera, ese prepararse un buen tesoro en el cielo haciendo en esta vida muchísimas obras buenas y orando sin cesar.
Al trabajar por la salvación de los de tu familia y de otros, no olvides nunca la estupenda promesa del Profeta » Los que enseñen a otros a ser buenos, brillarán como estrellas por toda la eternidad».

Práctica: Entraré a un Templo y haré una breve oración.

 

Oh Divino Niño
Mi Dios y Señor
Tú serás el Dueño
De mi corazón.

Niño amable de mi vida
Consuelo de los cristianos.
La gracia que necesito
Pongo en tus benditas manos.

Oh Divino Niño….

Tú sabes mis pesares
Pues todos te los confío
Da la paz a los turbados
Y alivio al corazón mío.

Oh Divino Niño….

Y aunque tu amor no merezco
No recurriré a Ti en vano
Pues eres Hijo de Dios
Y consuelo del cristiano.

Oh Divino Niño….

Acuérdate oh Niño Santo
Que jamas se oyó decir
Que alguno té aya implorado
Sin tu auxilio recibir.

Oh Divino Niño….

Por eso con fe y confianza
Humilde y arrepentido
Lleno de amor y confianza
Este favor yo te pido.

Oh Divino Niño…

Oración final

Oh Jesús: «Tu has dicho: todo lo que quieras pedir pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado». Por eso vengo a pedirte con toda fe: (Mencionar favor a pedir)

Jesús mío, mi amor, mi hermoso Niño:
Te amo tanto, Tu lo sabes, pero quiero amarte más, amarte hasta morir.
Ven a mí, Niño Jesús, ven a mi corazón, deja que yo te adore, humildemente arrepentido de mis pecado.
Ven a mi, Niño Jesús, ven a mi corazón, deja que yo te adore, humildemente arrepentido de mis pecados.
Pastorcito de mi alma: contigo nada me falta, me conduces a fuentes tranquilas y reparas mis fuerzas, Tú me guiarás por el buen camino, por el honor de tu Nombre. Aunque camine por sendas oscuras nada temo porque Tu vas conmigo, Tu Cetro poderoso me defiende, Tu Bondad y Tu Misericordia me acompañarán todos los días de mi vida.
Dulce Jesús mío, Divino Niño de mi alma: Soy todo tuyo: tuyo es mi ser pues lo creaste; tuya es mi alma pues la redimiste en la cruz con el precio de tu Sangre.
Te proclamo como mi Salvador y mi Amigo: Como mi Rey, mi Creador y Redentor. Te adoro como a mi Dios y Soberano Señor.
Demuéstrame una vez mas que me amas, oh Niño Jesús y dame tu amor eterno y tu santa bendición, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.